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Una obra que transforma el material en relato

 

 

 

Hay proyectos que no se limitan a ocupar un espacio: lo transforman. Eso es lo que ocurre con Ilium, la exposición que Día Muñoz presenta en Neolith Living Gallery dentro del Madrid Design Festival 2026. La muestra se vive como un recorrido donde el cuerpo, la materia y el tiempo se encuentran en un mismo plano, como si cada superficie estuviera cargada de biografía. Ilium inaugura Retorno, la programación expositiva anual de Neolith comisariada por Óscar Manrique, concebida en diálogo con el espacio, el material y los valores de la marca.

 

 

“Ilium nace como una investigación sobre el cuerpo entendido como territorio: un espacio donde se acumulan capas de memoria biológica, trauma, ciencia y mito”, explica Día Muñoz. Con esa premisa, la artista despliega un universo que conecta lo anatómico con lo épico. El título remite tanto a lo corporal como a lo narrativo: al archivo íntimo de lo vivido y a la dimensión cultural de lo heredado. A partir de ahí, la exposición propone un giro claro: mirar el diseño y los materiales como algo más que superficies funcionales, como cuerpos que almacenan historia, presión y transformación.

 

Un proceso híbrido entre ciencia, mito y deriva

En el trabajo de Día Muñoz, las ideas no llegan por una sola vía. Su práctica cruza ciencia y memoria, investigación y ritual, para construir un lenguaje propio que se mueve entre lo íntimo y lo especulativo.

 

 

“Mi proceso es híbrido y especulativo. Empieza muchas veces desde la ciencia —biología, medicina, física de materiales— y se contamina con mitología, ritual y memoria personal”, cuenta. “Trabajo como si los materiales fueran organismos: observo cómo reaccionan, cómo se deforman, cómo guardan huellas y cuentan historias”.

 

 

Esa manera de crear tiene algo de laboratorio y algo de excavación: una búsqueda donde lo importante no es acotar significados, sino activar una tensión. “Me interesa crear sistemas más que objetos cerrados, dejar que el proceso cobre vida y que la obra conserve algo de esa tensión entre control y deriva”, añade. En Ilium, esa energía se percibe en la forma en que las piezas parecen registrar el paso del tiempo, el impacto y la memoria como si fueran capas superpuestas.

 

Un espacio donde el material define la experiencia

 

Neolith Living Gallery Madrid es un lugar donde el material no acompaña, lidera. En ese contexto, Ilium encaja de forma natural porque cuestiona, precisamente, la idea de superficie neutra. Aquí, el material se observa, se escucha y se interpreta como parte del discurso, no como un simple soporte. “Neolith Living Gallery Madrid es un espacio donde el material no es fondo, es protagonista”, señala la artista. “Mis obras dialogan bien con ese contexto porque cuestionan precisamente la idea de superficie neutra”.

 

Una materia tecnológica con eco geológico

Para Día Muñoz, Neolith tiene algo especialmente fértil: no necesita disfrazarse de orgánico para dialogar con lo vivo. Su interés está en esa frontera, en la paradoja de un material industrial —preciso, resistente, altamente controlado— con una relación directa con lo geológico y el tiempo profundo.

 

“Neolith no intenta imitar lo orgánico, sino que se sitúa en una frontera interesante: es un material tecnológico, altamente controlado, pero con una relación muy fuerte con lo geológico y el tiempo profundo”, afirma. “Trabajar con Neolith sería explorar cómo un material industrial puede convertirse en portador de memoria, casi como un hueso o una capa sedimentaria”.

 

 

La artista lleva esa idea aún más lejos: pensar la piel como arquitectura y la arquitectura como organismo. “Su resistencia, su capacidad de transformación y su origen mineral abren un campo muy fértil para especular sobre futuros cuerpos híbridos, donde lo artificial no se opone a lo natural, lo prolonga”. En esa lectura, la superficie deja de ser un límite para convertirse en un lugar de transición: entre lo íntimo y lo material, entre lo tecnológico y lo ancestral.

 

Sostenibilidad como una forma de pensar a largo plazo

En el marco de Retorno, el diálogo entre arte, diseño y sostenibilidad forma parte del ADN del proyecto. Y, en la mirada de Día Muñoz, la sostenibilidad se entiende como un compromiso con el tiempo: una ética del proceso, de la energía y de la permanencia.

 

“Para mí la sostenibilidad no es solo una cuestión de materiales, sino de pensamiento a largo plazo”, sostiene. “El arte necesita dejar de producir objetos desechables y empezar a generar sistemas, preguntas y obras que puedan mutar, reutilizarse o recontextualizarse”.

 

 

Esa visión conecta con una idea clave que atraviesa toda la exposición: la huella. No entendida únicamente como impacto, sino también como memoria. Como aquello que permanece —aunque cambie de forma— y sigue trabajando en quien lo experimenta.

 

La huella que deja “Ilium”

Ilium busca activar estados de conciencia. Habla de la fragilidad y de la violencia inscritas en el cuerpo, y de cómo la ciencia y la tecnología pueden ser herramientas de cuidado, pero también de control. Es, en palabras de la artista, un espacio donde conviven ambigüedad y memoria: el cuerpo como campo de batalla, y también como archivo sensible.

 

 

Y su deseo final es claro, casi físico: “Me gustaría que la obra dejara una huella corporal más que visual: una sensación de reconocimiento incómodo, como cuando el cuerpo recuerda algo antes que la mente. Que funcione como un residuo, una marca latente. No una respuesta, sino una persistencia”.

 

La exposición Ilium puede visitarse en Neolith Living Gallery (Calle de Padilla, 6, Madrid) dentro de la programación de Madrid Design Festival 2026, como primera muestra de la serie anual Retorno.